domingo, 16 de noviembre de 2008

Casa Irina Mural I


Casa Irina Mural: South of Valparaíso, in Chile's central coastline region, lays ahead a sinuous peninsula by the name of "Punta Curaumilla" which became the perfect surrounding for Chilean architect, Andrés Zauschkevich to build his ship like urban outskirts retreat residence on the premises of recapitulating a long journey in the new world begun by his Russian ancestors in the late 19th century. Such a task required an ordeal of endless groundwork reconnaissance where each element had to fall in its right place. The prow shape morphology of the building site, the nuances of colour and light over a careful seasonal observation, the tectonic quality and vegetation of the surroundings, the various wind and ocean patterns were all taken into account as to conceive a volume within a volume. Understanding the rigorous "hands on site" methodology of the architect, it became captivating to emulate such a process from a visual art perspective in order to commemorate a recognition which pays tribute to a craftsmanship of vocational nature. This marriage of pure and applied arts is an attempt to reformulate our purpose of being and identity. Far from a predictable coffee table book stereotype, the fusion of common language brings forward a third form which can be ultimately recognized as a consensus in the foundation of an aesthetic model.













Mural Casa Irina: al sur de Valparaíso, en la costa central de Chile, se proyecta de manera sinuosa una península que lleva por nombre: “Punta Curaumilla”, el entorno perfecto para que el arquitecto chileno, Andrés Zauschkevich concibiera su casa con forma de barco como un lugar de retiro cerca de la capital, bajo la premisa en como recapitular un largo viaje al nuevo mundo que iniciaron sus ancestros rusos a fines del siglo XIX. Semejante tarea requería de una inagotable labor en terreno donde cada elemento tenía que caer en su lugar. La morfología en forma de proa del emplazamiento del edificio, la variante de la luz producto de una observación meticulosa estacional, la cualidad tectónica y vegetación del entorno, las variaciones de los vientos y efectos sobre las ondulaciones del mar; fueron todas variables para concebir un volumen dentro de otro volumen. Entendiendo la metodología rigurosa del arquitecto, “con sus manos en terreno”, resultó cautivante emular semejante proceso desde un punto de vista de la plástica como manera de hacer tributo a un oficio de naturaleza vocacional. Este matrimonio entre el arte puro y arte aplicado es un intento de reformular un sentido de propósito y de identidad. Lejos de un estereotipo comúnmente asociado a un libro de centro de mesa, la fusión de un lenguaje común pone en relieve una tercera forma que reconoce en su consenso, la fundación de un modelo estético.













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